¡¡¡¿DESCUBIERTO?!!! EL ANFITEATRO ROMANO DE TOLEDO

Por:

D. JUAN ANTONIO HERNANDEZ BENITO

ARQUITECTO SUPERIOR - MASTER EN INTERVENCION Y RESTAURACION ARQUITECTONICAS

 

 

Mucho se ha escrito sobre la presencia de la civilización romana en la Península Ibérica, y abundantes han sido también los restos de su colonización que han llegado a nuestros días, vestigios que, con su detallado estudio, nos han permitido averiguar y conocer importantes aspectos de su cultura, pensamiento, organización social, obras, etc, etc.

Sabemos que, al igual que hoy día no se entiende un asentamiento urbano de cierta entidad sin que éste disponga de determinados equipamientos y dotaciones públicos (administrativos, docentes, sanitarios, deportivos, culturales, ocio…….), también en época romana, cada ciudad con cierta importancia estratégica disponía, de sus correspondientes infraestructuras urbanas (murallas, presas, puentes, acueductos, red de alcantarillado, vías de comunicaciones….) y de un conjunto de edificios e instalaciones que presidían la vida pública, entre los que adquirían especial relevancia, las Termas, el Circo, el Teatro y el Anfiteatro, todos ellos con dimensiones variadas según la jerarquía que ocupasen en la organización territorial del Imperio, y según el número de habitantes a los que servían.

En este sentido, Toledo, aunque disponía de un enclave geográfico especial, que imponía serias restricciones para la implantación del modelo de ciudad del gusto de los nuevos colonizadores, no fue ajena al patrón citado, y así, localizados en extramuros y para la diversión de su población, contó también con sus correspondientes Circo, Teatro y Anfiteatro, lo cual demuestra la importancia que llegó a adquirir la ciudad, debido a su estratégica situación de paso del río Tajo en el camino entre Cesar Augusta (Zaragoza) y Emérita Augusta (Mérida).

Actualmente todos identificamos las maltratadas ruinas del gran Circo, conociéndose en detalle tanto su localización y proporciones. Diversos estudios nos indican también, que el Teatro estaría emplazado bajo los terrenos que hoy ocupa el Colegio “Carmelitas”. Finalmente, y en lo que respecta al objeto de nuestro breve estudio, sabemos por otros investigadores, que el Anfiteatro estaría emplazado en el subsuelo de lo que hoy se denomina barrio de Las Covachuelas.

Ya en la pag. 24 del Capítulo 3 del Libro Primero de “Los Nuevos Reyes de Toledo”, escrito por el Doctor D. CRISTOVAL LOZANO (Albacete 1609-Toledo 1667) -Capellán de Su Majestad en su Real Capilla de los Reyes Nuevos de Toledo, Comisario de la Santa Cruzada, Vicario varias veces de la villa de Hellín y su Partido y Procurador Fiscal de la Reverenda Cámara Apostólica), se afirma:

 

PAG 24 LIBRO LOS NUEVOS REYES DE TOLEDO 

 

 

Es evidente que ante detallada descripción nada podemos objetar en contrario, y lo único que nos corresponde es buscar “la pista” que nos pueda aportar datos contrastados sobre el exacto emplazamiento y dimensiones del Anfiteatro romano.

Por otra parte, las investigaciones del notable geógrafo Alfonso Rey Pastor (Logroño 1890-Madri 1959), no arroja mayores datos sobre tal búsqueda, si bien, nos dice que los restos del noble edificio –cuyos sillares de granito fueron cantera improvisada para la construcción de otros muchos en siglos pasados- fueron dinamitados para posibilitar nuevos asentamientos poblacionales; y después de variadas hipótesis, estimaba como más probable la ubicación y traza que se representa a continuación.

 

Parece justificado pensar, por tanto, que una vez destruido el Anfiteatro, las innumerables bóvedas y pasadizos que le servían de base –y que la mayor parte de las ocasiones se encontraban bajo el nivel de las vías perimetrales-, pasaran a formar parte del subsuelo de las sucesivas edificaciones que se construyeron en la zona, siendo seguidamente confundidas o asociadas por el pueblo llano con cuevas excavadas en el terreno, y terminando por aplicar al barrio su nombre actual: “Covachuelas”.

Dicho lo anterior, ¿existen por tanto las ruinas del Anfiteatro bajo el subsuelo del barrio?, evidentemente todos los indicios así lo sugieren; y por otra parte, ¿podríamos averiguar su traza y dimensiones originales?, la contestación en este caso también sería afirmativa. Aunque reconocemos la dificultad para su materialización, puesto que no contamos con dato alguno que al menos nos fije las dimensiones aproximadas del Anfiteatro, no por ello deberíamos abandonar tan estimulante empresa.

En las diversas excavaciones realizadas en al barrio, como consecuencia de ejecución de nuevos edificios o redes de instalaciones generales, se ha podido documentar arqueológicamente la aparición de determinados restos de obra de fábrica “opus caementicium”, componente principal de los muros de carga de cualquier edificio romano; si bien no se ha podido identificar si tales vestigios se encontraban en su posición original o por el contrario habían sufrido desplazamiento como consecuencia de las voladuras realizadas en el siglo XIX.

Personalmente y asistido por los Arquólogos D. Rafael Caballero García y Dª. Elena Sánchez Peláez, el autor de la presente hipótesis, ha podido documentar restos de “opus caementicium” bajo el inmueble sito en la esquina de C/ Honda c/v C/ Carreteros, que por sus características bien pudieran corresponder al escondido Anfiteatro. Conocemos otras excavaciones realizadas en terrenos próximos al anterior, que al igual que en el caso citado, también han arrojado resultados positivos. No obstante es evidente que, aun contando con las actuales técnicas de investigación (satélites, infrarrojos, termografía, ultrasonidos….), la tarea de intentar “descubrir” restos edilicios suficientes como para formar un “puzzle” que nos ayude a restituir la traza del Anfiteatro, se antoja sino imposible, sí de generosa dedicación y dilatado trabajo en el tiempo.

¿Cómo podríamos entonces acometer tan ardua tarea?.

En primer lugar, sabemos que el Imperio Romano, como cualquier civilización altamente organizada, contaba con cánones y normativas que presidían no sólo los estilos constructivos de sus edificios, sino también el diseño de sus espacios públicos; por dicho motivo, entendemos obvio, que en su fase de dominación a lo largo del Mediterráneo, se utilizaran esas mismas reglas para la materialización de sus asentamientos y de sus actividades, puesto que el desarrollo de representaciones bélicas, luchas de gladiadores, etc, requerirían de unas dimensiones mínimas o aconsejables en su recinto interior. Esto mismo ocurre ahora en los terrenos de juego o plazas de toros, cuyos recintos se diseñan a partir de dimensiones normalizadas donde puedan celebrarse las correspondientes representaciones. Luego por tanto, si descubriéramos cuales eran las reglas empleadas, o al menos una relación en sus proporciones, se podría contar con un importante punto de partida, para en función de la importancia de la ciudad o de la población asentada, poder descifrar sus dimensiones y restituir así la traza buscada.

En este sentido, disponemos de un buen número de ejemplos de Anfiteatros conservados que se reparten por los países ribereños de toda la cuenca Mediterránea, y cuyo estudio detallado nos puede aportar datos sobre la relación funcional que venimos buscando; no obstante hay que señalar que en el caso del anfiteatro de Toledo nos encontramos con una dificultad añadida al haber quedado totalmente sepultado y sin restos a la vista.

Al respecto, D. Carlos Martín Escorza en el año 2008 publica en Kalakorikos (revista para el estudio, defensa, protección y divulgación del patrimonio histórico, artístico y cultural de Calahorra) un estudio, en el que utilizando herramientas digitales actuales, determina aproximadamente las medidas de diversos Anfiteatros Romanos. En dicho estudio no se llega a fijar con exactitud “la regla” que presidiría el diseño y traza de este tipo de construcciones, debido al desconocimiento de un patrón común a todos ellos; sin embargo de la comparación de sus proporciones, establece una función matemática que, de forma aproximada, podría relacionar las dimensiones entre eje mayor y eje menor de su “arena”, factor determinante para la averiguación de la traza del Anfiteatro, dado que al tratarse de una elipse de cuatro centros, si conocemos la longitud de su eje menor podemos obtener su forma completa, de la manera que se representa en el esquema siguiente. Dejo para mejor ocasión el minucioso análisis de los datos allí expuestos.

 GEOMETRIA ELIPSE

 

Adjuntamos a continuación imágenes de los distintos Anfiteatros que se vienen investigando, y cuya relación se expone a continuación:

ITALIA:      Roma, Pompeya, Capua, Rimini, Arezzo, Pollentia, Spoleto, Luca, Pozzuoli, Verona,

Siracusa.

CROACIA:  Pula.

TUNEZ:      El Djem, Uthina.

LIBIA:        Leptis Magna

FRANCIA:   Nimes, Arles, Saintes.

ESPAÑA:    Mérida, Tarragona, Segóbriga, Carmona, Santiponce.

Roma - Italia

ROMA - ITALIA

Pompeya – Italia

POMPEYA - ITALIA 

Capua – Italia

 CAPUA - ITALIA

Rimini – Italia

 RIMINI - ITALIA

Arezzo – Italia

  AREZZO - ITALIA

Pollentia - Italia

 POLLENTIA - ITALIA

Spoleto – Italia

 SPOLETO - ITALIA

Lucca - Italia

 LUCCA - ITALIA

Pozzuoli - Italia

 POZZUOLI - ITALIA

Verona - Italia

 VERONA - ITALIA

Siracusa - Italia

 SIRACUSA - ITALIA

Pula - Croacia

 PULA - CROACIA

El Djem - Tunez

 EL DJEM - TUNEZ

Uthina - Tunez

 UTHINA - TUNEZ

Leptis Magna - Libia

 LEPTIS MAGNA - LIBIA

Nimes - Francia

 NIMES - FRANCIA

Arles - Francia

 ARLES - FRANCIA

Saintes - Francia

 SAINTES - FRANCIA

Mérida - España

 MERIDA - ESPAÑA

Tarragona – España

 TARRAGONA - ESPAÑA

Segóbriga - España

 SEGOBRIGA - ESPAÑA

Carmona - España

 CARMONA - ESPAÑA

Santiponce - España

 SANTIPONCE - ESPAÑA


 

De entre todos ellos hay que poner especial atención en los de Arezzo, Rímini, Pollentia, Spoleto y Lucca, debido a que su traza se encuentra actualmente desvirtuada como consecuencia de la colonización sufrida por edificaciones actuales, y de cuya observación, podemos extraer interesantes conclusiones para nuestra investigación sobre el Anfiteatro de Toledo.

Como podemos apreciar en los cinco ejemplos citados en el párrafo anterior, el análisis detenido de la planimetría constituye factor de notable trascendencia para poder localizar la traza del Anfiteatro. En este aspecto, se dispone de sucesivos planos de la ciudad de Toledo levantados en diversas épocas, que lamentablemente y como ya le sucediera a Rey Pastor, poco o nada aportan sobre el asunto que tratamos. Hay que tener en cuenta que la colmatación edificatoria surgida en la zona, sin aparente orden, nos supone dificultad añadida a la tarea investigadora que venimos desarrollando; no obstante, la disposición parcelaria siguiendo en parte la forma elíptica de los restos del edificio romano nos aproxima al objetivo buscado.

Es evidente que a pesar de contar con alguna huella, para llegar a definir la traza del Anfiteatro romano necesitaríamos, o datos más precisos que nos permitiera conocer la dimensión de alguno de los ejes de la elipse, o por el contrario encontrar restos más numerosos para levantar un mapa identificativo que nos posibilitara la obtención de parte de su planta.

Otra cuestión, primordial también, en la investigación que nos ocupa es el desconocimiento de la orientación con que se levantó el Anfiteatro. Vemos que Rey Pastor, en un primer momento, asigna al edificio una orientación E-W, aunque más tarde corrige su propuesta planteando una orientación SE-NW, que personalmente entiendo más adecuada al entorno geográfico donde se implanta y más aproximada a la realidad.

Ante la imposibilidad de contar con datos fidedignos que nos permitan descifrar el patrón de la traza del Anfiteatro que buscamos, y teniendo en cuenta, como ya hemos dicho, la existencia de un cánon general en la construcción de edificios públicos como el que nos ocupa, adoptaremos un método comparativo, utilizando como modelo las dimensiones de otro edificio de igual uso y levantado en una ciudad con similar importancia a Toledo; una vez elegido dicho modelo procedemos a intentar “encajarlo” en el lugar descrito por anteriores autores y respetando los signos externos de que disponemos..

En este sentido, en el siglo I (fecha de la construcción del Circo romano bajo los emperadores Octavio ó Tiberio), Toledo contaba con destacada relevancia territorial. Por dicha razón no es descabellado pensar que, dado que las proporciones de su Circo son similares a las del Circo de Mérida, también podría ocurrir que el recinto del Anfiteatro de Toledo fuera construido con dimensiones análogas a las del Anfiteatro Emeritense (64,5 m x 41,5 m en la arena y 126 m x 102 m en el exterior) y dispuesto en su misma orientación.

Con tal modelo y a su misma escala, procedemos a implantar su traza, en la planimetría actual del barrio de Covachuelas, siguiendo la huella eslipsoidal que todavía se adivina en la parcelación catastral de la zona y haciendo coincidir el eje mayor de la “arena” con la calle Honda, tal y como describe Rey Pastor.

Toledo actual

 01-TOLEDO ACTUAL

 00 - MONTAJE COMPLETO Página 08

 00 - MONTAJE COMPLETO Página 11

Como se puede apreciar, el resultado final, que da respuesta a todos los datos de los que actualmente se dispone, es sorprendente y no exento de verosimilitud.

Se adjunta vídeo de la recreación volumétrica virtual de lo que actualmente suponemos puede constituir la ruina del Anfiteatro Romano de Toledo, localizada en su ubicación real.

 

EPILOGO: Hay que reiterar que los contenidos del presente documento constituyen mera hipótesis sobre la ubicación y proporciones del Anfiteatro Romano de Toledo, hipótesis que podrá ser verificada con las correspondientes prospecciones arqueológicas, o por el contrario rebatida por otras investigaciones, seguramente más cualificados que la que aquí se expone.

 

NOTA: Los contenidos del presente estudio constituyen derechos de propiedad intelectual de su autor y no podrán ser reproducidos sin su autorización.

 

 

 

           

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